Dani Martín: “Para mí, entrar a trabajar a Daylight Studios fue increíble, como cumplir un sueño”

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La pasión por la electrónica y la fotografía desde que era un niño, unida a una completa formación en ambos campos hicieron de Dani Martín un candidato ideal para trabajar en Daylight Studios hace ya 21 años. Desde entonces, su capacidad de aprendizaje, trabajo y gestión le han convertido en un pilar imprescindible de la empresa que ha visto crecer al ritmo que exigen las producciones nacionales e internacionales de más alto nivel durante más de dos décadas. Charlamos con él de su labor como Director Técnico de nuestros estudios, sobre sus primeros pasos en el mundo de la fotografía o de su devoción por la tecnología, así como su percepción de la evolución del sector desde una posición privilegiada.

¿Cómo empezaste a acercarte al mundo de la fotografía?

Me empezó a llamar la atención en los años 80, a través de un hermano de mi padre que tenía un laboratorio. Yo tenía seis años y gracias a él descubrí la magia de la fotografía: el positivado y el blanco y negro… También recuerdo que mis padres tenían un tomavistas que usaban para capturar imágenes.  Soy de un pueblo de la sierra, Rascafría, y a la hora de estudiar decidí hacer formación profesional cerca, en Buitrago, y en electrónica porque la tecnología era algo que me gustaba mucho. Una vez que termino electrónica les pido a mis padres venir a Madrid para estudiar fotografía porque quería seguir formándome. Al llegar aquí busco escuelas privadas pero me doy cuenta de que no podíamos pagarlas y las públicas estaban muy demandadas; no conseguía acceder porque venía de formación profesional y daban prioridad a la gente de bachillerato. Como no quería estar un año parado, volví a hacer otro ciclo formativo que tenía que ver con la electrónica y el mantenimiento de equipos informáticos. En esa formación conozco a una persona, Jorge Fernández, que hoy en día es asistente y fotógrafo con quién hago una gran amistad. Al año siguiente apruebo el examen de acceso para mayor de 21 años que me permite entrar a la pública, concretamente la Príncipe Felipe.

Dani Martín, junto a Jorge Fernández, en los inicios de ambos con Daylight Studios.

Y por primera vez escuchas hablar de Daylight Studios…

Sí, mi amigo Jorge entró en una privada, le hablaron de Daylight Studios y fue él quien empezó a hablarme de ellos. Sería en el año 1997, justo después de mudarse del local de la calle Embajadores a Prudencio Álvaro. Así que, a la hora de empezar a hablar de mis futuras prácticas con mi tutor, que también les conocía, empecé a pensar en hacerlas allí. Jorge comenzó sus prácticas aquí y un día, para una producción compleja con DYC con el fotógrafo Javier Salas en la que había que sacar y meter kilos arena para crear una playa, Freddy le preguntó a Jorge si conocía a alguien que pudiera echar una mano. Entonces Daylight Studios no tenía grandes recursos y yo me apunté y me encantó ver cómo era una producción. Al terminar, Freddy nos invitó a comer y me sorprendió porque era una persona súper joven, con evidente potencial por lo que había conseguido y mucha energía. Le avisé de que en marzo sería su próximo alumno y se mostró encantado. Mientras tanto yo solicité una beca de junio a septiembre en Televisión Española porque me gustaba mucho la edición de video y, aunque estaba muy demandada, me la concedieron.

Dani Martín y Freddy Frisuelos, jovencísimos, en un descapotable para una producción.

¿Qué pensaste al llegar aquí para hacer las prácticas?

Que era un sitio espectacular para trabajar. Me di cuenta de se trataba de una empresa que contaba con recursos propios limitados, donde a menudo había que buscar soluciones para resolver distintas situaciones y generar esos recursos. Descubro que Freddy es una persona muy polifacética, con una energía increíble. Si había que pintar, hacer de albañil o montar decorados, se hacía. Para asistir a nivel de fotografía estaban él y Nacho Urbón. Además, veo un montón de equipo para trabajar y que hay que gestionar, algo que está muy relacionado con la electrónica y la tecnología que tanto me gustaban. Poco a poco noto que mi vocación por la electrónica y por la fotografía se unen y me empiezo a sentir muy cómodo en este entorno. Me encanta participar en las primeras producciones, para mí son sensaciones inolvidables empezar a sentirte parte de una producción. Luego, ver el resultado final en las revistas cuando has estado ahí en primera persona me parece algo impresionante. Trato de fijarme en todo lo que puedo tomando nota de cómo iluminan, de cómo gestionan su flujo de trabajo… le dedico todo el tiempo que podía dedicarle, estaba aquí a todas horas y casi siempre prácticamente me tenían que echar (risas). Era duro pero muy gratificante, porque aprendías muchísimo.

Y te becan en Televisión Española y llega el verano…

Sí, pero es que además cuándo empiezo las prácticas me llaman de la Comunidad de Madrid para trabajar en unos campamentos de verano en Rascafría en los que ya había estado y que me servían para tener dinero durante el año. Fue un verano duro, algo que sólo puedes hacer cuando eres tan joven: estaba de 8:00h. a 15:00h. en el campamento con los niños y a las 16:00h. entraba en Televisión Española hasta las 11:00h. o las 12:00h. Ahora miro atrás y lo veo como algo con me hacía muy feliz aunque era una paliza. Estaba contento porque había terminado una relación con Daylight de forma muy satisfactoria, dejando una buena impresión. En TVE me seleccionaron para hacer la edición de las noticias de tarde como montador en edición de vídeo, trabajando con el periodista en la sala de edición. Tengo muy buenos recuerdos porque además al final me encargaron hacer las piezas de deportes, que es algo que me gusta mucho.

¿Cómo vuelves a Daylight?

Iban acabándose las prácticas y nos dijeron que nos llamarían pero, mientras tanto, Freddy ya me decía que había trabajos en los que podía intervenir. Le dije que iba a terminar las prácticas y él me dijo “Ok, pues el día 1 de octubre te quiero aquí”.  Para mí aquello fue increíble, no me lo podía creer, era un sueño cumplido poder empezar a trabajar aquí. Freddy cambió a Nacho, su ‘Studio Manager’, que ya se iba para hacer fotos, por dos personas: Esther y yo, que habíamos estado de prácticas y que él pensaba que teníamos potencial. Empezamos a trabajar de asistentes de plató y de fotógrafo. Freddy también disparaba como fotógrafo haciendo unos retratos espectaculares, sobre todo para Sony con el tema de la música. A mí el medio y el gran formato me encantaba y teníamos de todo: Sinar, Hasselblad, Pentax… Al principio, Freddy nos ponía con él para que fuéramos aprendiendo. Como siempre ha sido bastante perfeccionista y tiene mucha metodología, nos enseñaba cómo trabajar con las Polaroid, aprender a marcar bien la película, ver que cada una se disparaba de una manera, que había que llevarlas a un laboratorio para procesarlas de la manera que habíamos seleccionado. A partir de ahí, cruzar los dedos para que empezara la magia al día siguiente con los contactos y ver que todo estaba bien, confiando en que no hubiera habido ningún fallo en la carga de los chasis, por ejemplo. Recuerdo bien que Freddy nos decía “A ver,  si has cometido un error y has velado una película, no me des la cámara. Dímelo, incluso si dudas, porque sino todos estamos perdiendo el tiempo”. Cuando él vio que estábamos formados y que lo hacíamos bien nos empezó a encargar asistencias a fotógrafos fuera de aquí porque ya lo hacíamos bien en plato y podíamos salir solos.

Y se inicia una fase con cambios en la empresa.

Así es. Llega un momento en que Esther decide montárselo por su cuenta y yo, a su vez, me daba cuenta que mi perfil encajaba muy bien con la empresa porque podía hacer de todo y sentía que cada vez estaba mejor engrasado con su forma de funcionar. Pero a finales de los 90 Internet no funcionaba como ahora. Daylight Studios aparecía en un directorio internacional que se llamaba Red Box. Desde ahí te llamaban si querían hacer una producción en Madrid y necesitaban tus servicios. Empezamos a dar ese soporte de producción, viendo que faltaban cosas y tratando de ofrecerlas en producciones internacionales. Por ejemplo, nos pedían Profoto, que aún no había en España. En ese momento nos dImos cuenta de que venían a España fotógrafos cómo Annie Leibovitz o Elaine Constantine pidiendo equipo que o no teníamos o que no les valía. Yo anime a Freddy a que diéramos el paso de tener más equipo y él, que siempre quería estar un paso por delante, no dudó. Finalmente compramos Profoto porque la demanda internacional había crecido muchísimo. Empezamos a ser una empresa capaz de dar un servicio integral: a mí me gustaba mucho la parte tecnológica y me encantaba ver cómo funcionaba cada equipo y las productoras o los fotógrafos se daban cuenta de que había una persona que te podía decir cómo funcionaba cada equipo. Así empezamos a asesorar a fotógrafos o empresas para buscar la herramienta más adecuada para su trabajo.

Con Melanie Griffith y Antonio Banderas.

¿Se trabajaba mucho?

Creció la demanda para producciones internacionales, así que buscamos asistentes internacionales como Gregor Klaus, que fue el primero que entró en internacional. Con esa figura y el equipo Profoto dimos un salto cualitativo. Poco después compramos una furgoneta y empezamos a crear un paquete de servicios más potente. También es cierto que nos llegaban listados por fax con cosas que no conocíamos ni la mitad (risas). Tenías que mirar catálogos y catálogos para saber lo que era, pero te dabas cuenta de que estabas aprendiendo sin darte cuenta. Vivíamos el esplendor de la película y teníamos el laboratorio de Pepe, el hermano de Freddy, al lado del estudio para encargarse del revelado. Era una sinergia buenísima. Venían a trabajar Eugenio Recuenco, Rafa Gallar, Juan Aldabaldetrecu, … fotógrafos con los que trabajamos muchas veces y seguimos haciéndolo a día de hoy porque son verdaderos referentes para nosotros.

Pero con el cambio al digital te planteas un cambio de aires. 

Sí. Nosotros, como muchos otros, investigamos cómo adaptarnos cuando lo vimos venir. Apostamos por hacer el cambio y empezamos con Canon, que despuntaba, e hicimos la transición para empezar a ver cómo eran las cámaras digitales y cómo resolvían situaciones que se daban también con la película. Vimos que se hacía con calidad y que todo el trabajo que hacíamos con la película resultaba más fácil, aunque tenía otras complejidades. Pero repente había empresas que nos solicitaban respaldos digitales. En medio ese proceso yo me empecé a plantear cosas porque sentía que había llegado a un límite: pensé en ir a Estados Unidos podía aprender fuera y se lo conté a Freddy. Hablando con él, decidí quedarme con un acuerdo: que diéramos el paso de pasarnos a digital comprando un respaldo y apostando por ese departamento. Justo entonces habíamos estado en una producción en Bilbao en la que se necesitaba una autocaravana y también hablamos de que siempre necesitábamos un vehículo y nos encontrábamos con problemas. Como siempre nos gustaba buscar nuestros propios recursos, decidimos comprar una autocaravana para poder ofrecer un servicio mucho más completo, con camerino móvil, etc. Buscando soluciones para ver quién y cómo podría conducirla, yo me ofrecí para hacerlo y seguir haciendo otros trabajos a través del móvil. Funcionó. Nuestros clientes estaban contentos y ampliábamos nuestra oferta, con lo que nuestro estudio fue creciendo.

¿Cuándo adquiristeis formato medio digital?

En cuanto a los respaldos, nos pusimos a investigar bien en 2002 porque ya existía una demanda real. Empezamos con Sinar y nos pasamos a Phase One porque vimos que era la herramienta que realmente estaba pensada para el flujo de trabajo con la moda. Y tenía Capture One, un software que nos descubrieron fotógrafos cómo la gente del Corte Inglés, que ya tenían mucha experiencia. Hicimos un estudio de mercado y varias pruebas. Vimos que eran equipos muy caros pero por los que valía hacer un esfuerzo y, viendo la dimensión que tomaba el apartado de digital, los adquirimos. Yo decidí quedarme y empecé a hacer funciones como técnico digital, dando un servicio de soporte digital integral, con cámara, ordenador y todo lo necesario. Entendimos cómo hacer la transición de la película al digital y cada trabajo con productoras extranjeras y fotógrafos extranjeros nos ayudaba a aprender más. Seguimos creciendo intentando reconocer en cada situación lo que hacía falta y no dejar nunca de apostar por lo que creíamos que era útil y necesario como empresa. Ése fue el punto de inflexión que hizo que decidiera quedarme definitivamente: sentía que lo tenía todo como entusiasta de la tecnología, Freddy era el primero que quería que el equipo estuviera perfecto y las necesidades cubiertas y le podía decir que necesitábamos otro respaldo u otra cámara, pero siempre con los pies en la tierra y de forma medida.

¿Cómo había cambiado la empresa que conociste cuando llegaste?

Nos habíamos consolidado como un estudio de referencia en el que se cubrían todas las necesidades para una producción a todos los niveles, de forma integral y cubriendo todas las áreas posibles en colaboración con muchas otras empresas del sector que hay en Madrid con las que empezábamos a trabajar. Se generó una industria que crecía y en la que nosotros aportábamos nuestro granito de arena porque éramos capaces de dar servicio a producciones internacionales. En ese sentido, Freddy fue un visionario porque se dio cuenta antes que nadie de que aquí llegaban producciones y no habían equipos necesarios. A través de sus contactos y sus viajes a Estados Unidos para ver cómo funcionaba y trabajaba una industria donde todo estaba ya estandarizado él pudo ver lo que aquí faltaba y sintió que había que trasladar esa forma de trabajar, dando solución a nuestras necesidades con esa filosofía y muchísimo trabajo. Así hemos llegado hasta dónde estamos ahora mismo.

La empresa no ha dejado de crecer, tanto en equipo como en recursos humanos…

Hay un momento años atrás en el que empezamos a funcionar como un motor muy bien engrasado. Por un lado, debido a las soluciones que ofrece la empresa a nivel técnico, pero por otro, por ejemplo, con la tarea que que hace Marga Gorostiza desde 2001 gracias a su dominio del inglés, entre otras cosas, siendo la responsable de que tengamos la capacidad de trabajar con producciones internacionales. O Laura Polo, otra persona cuyo trabajo es fundamental: lleva muchísimos años con Freddy y conoce a la perfección la parte administrativa y de recursos humanos, áreas de importancia vital para una empresa que si no funcionan bien suponen un gran problema. Tenemos la suerte de tener un equipo con gente como Sophia, Iván, Miguel, Ana, Pablo, Leono… y todos los que han pasado por esta familia, que han trabajado fenomenal. Algo que siempre nos produce mucho orgullo es que la gente siempre nos dice que tenemos un gran grupo humano.

¿Tu rol cambia mucho en estos años?

Realmente yo no siento que mi trabajo haya cambiado mucho con los años, nunca he tenido un momento en el que haya pensado que tenía que dar un paso atrás o implicarme menos, sino que siempre he permanecido muy vinculado con la empresa y he intentado tomar buenas decisiones, tanto si era para comprar equipos como para hacer movimientos que creíamos necesarios. Siento que mi implicación siempre ha sido máxima para poder ayudar a cualquier departamento, desde analizar cualquier producto nuevo que haya en el mercado a hablar con proveedores o buscar soluciones por toda España. Hemos descubierto que en ocasiones es necesario tener contactos en ciudades como Barcelona o Sevilla si necesitas algo concreto. Gracias a este trabajo hemos establecido una gran red de contactos y somos capaces de gestionar cualquier producción, con todos los permisos, vehículos, equipo o personas necesarias.

Muchos aspectos a tener en cuenta si quieres que una producción tenga éxito.

Claro. Pero si para todas esas tareas dependes de otras empresas o gestoras, todo va muy lento. Una de las ventajas más importantes de Daylight Studios es tener a nuestro alcance los recursos directos para poder resolver cualquier producción sin tener ningún retraso. A mí me han llamado por teléfono a las 22:00h. de la noche para decirme que necesitaban un camión lleno de equipo y cuatro técnicos en algún lugar de Madrid con todo lo necesario a la mañana siguiente y he podido de decir que sí porque sé que tenemos el equipo en el almacén, los vehículos o los técnicos. Tengo la certeza de que cuento con nuestros propios recursos, que son nuestra propia gente, y no tengo que hacer siete llamadas de teléfono para saber si puedo aceptar una producción. Y contamos con la garantía de decir que sí sin miedo a fallar porque vamos a cumplir 30 años de experiencia, que son muchos para saber qué es lo que puede fallar y dónde. Además, tú siempre aportas aunque te digan sus necesidades, avisando si crees que falta algo.

¿Con qué disfrutas más en Daylight Studios?

Lo que más me gusta de este trabajo es que no dejas de aprender cada día. Siempre descubres algo nuevo. Si eres como yo, un entusiasta de la tecnología y siempre te piden lo más nuevo, eso hace que tengas que estar trabajando con los mejores equipos, que para mí es un lujo. Además, en Daylight nos preocupamos de formar; nuestra filosofía es que la gente que muestra sus ganas y esfuerzo al estar con nosotros debe recibir mucha formación para tener la capacidad de quedarse con nosotros o salir fuera y formar parte de esta industria estando preparados, conociendo todas las pautas y formas de trabajar de este negocio. Puede que haya otras empresas que no lo vean así pero nosotros de verdad creemos en esto. Por aquí han pasado decenas de personas a las que Daylight les ha servido como trampolín para dar el salto en el sector y ser profesional como asistente en primer lugar o fotógrafo más adelante. Para nosotros es un orgullo ver casos como Félix Valiente, Nils Schlebusch, Jesús Cordero, Diego Merino o Mikhail Novak, entre otros muchos.

En Los Ángeles, California, junto a Andy García y parte del equipo.

¿Tienes algún recuerdo especial o anécdota favorita?

Una de las cosas que tiene este trabajo y que te mantiene la energía es que a veces puede parecer rutinario, pero cada día pasa algo diferente. Una de las experiencias que recuerdo de forma especial es un trabajo con Paco Navarro para El Corte Inglés en Los Ángeles para fotografiar una campaña con Andy García. Fue una experiencia increíble estar con un actor de Hollywood en localizaciones increibles como Malibú, Santa Mónica o Beverly Hills. Algo muy intenso, porque en unos pocos días trabajamos mucho y participé en un trabajo espectacular, con un gran equipo humano. Me pareció increíble poder ver cómo trabajaban los equipos de rodaje en Estados Unidos porque, aunque nosotros estábamos en foto fija, podíamos ver como se rodaba y era como estar en una película. Fue una experiencia en la que aprendí muchísimo. Hay producciones que te enseñan muchísimo y tienes que tener los ojos abiertos, tratar de ser una esponja para fijarte y aprender, desde en un transportista al mejor fotógrafo, todos los ámbitos son importantes.