¡Qué producción la de aquel día!: “¿Eso que llevas en la maleta es una bomba o una batería?”

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No es ningún secreto que el éxito de una producción requiere en gran medida una buena planificación y atención al detalle. No obstante, los imprevistos están a la orden del día y, en muchas ocasiones, disponer del ingenio, la velocidad de reacción y los recursos necesarios para solucionarlos puede ser vital para favorecer el desenlace positivo de un proyecto, aunque a veces no todo esté en nuestras manos.

25 años de existencia nos han permitido adquirir mucha experiencia a costa de miles de horas de trabajo en las que hemos vivido incontables situaciones de todo tipo. En esta entrada y en sucesivas publicaciones trataremos de recordar algunas de las anécdotas más destacadas de la historia de Daylight Studios ocurridas en el transcurso de una producción. Casi siempre, a pesar de que resolverlas nos haya costado sangre, sudor, lágrimas y alguna que otra cana, trataremos de hacerlo en clave de humor, porque, al final, disfrutamos de lo que hacemos y estamos orgullosos de haber llegado hasta aquí. Comienza ‘¡Qué producción la de aquel día!’.

Era el año 2012 y, como en otras ocasiones, Alicia Ruiz, “Ali”, técnico digital en Daylight Studios, se disponía a embarcar en un vuelo que habría de llevarla a Palma de Mallorca, donde al día siguiente, a primera hora, asistiría a una producción para Palma Pictures. Al igual que se había hecho tantas otras veces, la mexicana facturó con su equipaje una batería portátil BatPac 230V EU de Profoto para trabajar en exteriores, necesaria para la sesión. Terminada la tediosa espera, ya en fila de la puerta de embarque con el billete en la mano e imaginándose ya cómodamente sentada en su asiento para el despegue, Ali escuchó su nombre por los altavoces y fue requerida a acercarse al mostrador. Allí, dos miembros de la Guardia Civil con cara de pocos amigos le esperaban para conminarle a que les acompañara para inspeccionar una maleta sospechosa facturada a su nombre. En una época en la que ya se habían instalado en todo el mundo estrictas medidas de seguridad aeroportuaria, la técnico, escoltada, descendió a la pista del todavía denominado Aeropuerto de Madrid-Barajas para abrir su maleta y extraer aquel “bulto sospechoso” delante de los agentes, que se negaron a tocarlo en todo momento y le pidieron que lo manipulara en su presencia. “Estaba retenida y traté de explicarles que era un equipo que cumplía las condiciones para volar, que ya lo habíamos hecho anteriormente, pero no me dieron muchas opciones: ‘o lo sacas del aeropuerto o nos lo llevamos nosotros y lo destruimos’. La verdad es que no fue una experiencia muy agradable, porque fueron bastante secos conmigo.”

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Ante la rigidez de los efectivos de la Benemérita, que no querían atender a sus explicaciones, en vez de llamar a un abogado como en las películas, nuestra antigua compañera en Daylight Studios, establecida como retocadora en la actualidad, hizo algo mejor: llamó a Dani Martín, director técnico, para informarle de lo que estaba pasando. “Dani, siempre resolutivo, me tranquilizó diciéndome que se venía inmediatamente al aeropuerto para que le entregara la batería y así poder volar”. “Pero la verdad es que muy tranquilo no estaba”, confiesa Martín entre risas, al que Freddy Frisuelos, director general y fundador de la empresa, tuvo que llevar hasta Barajas a toda velocidad a lomos de su motocicleta para tratar de solucionar la situación. “El caso es que si miras la BatPac y la imaginas a través de las máquinas de rayos de los aeropuertos, con sus cables, lo primero que te viene a la cabeza es ‘joder, pues parece una bomba’, y eso, evidentemente, no era muy bueno”, explica Martín. “Por suerte, me había llevado las especificaciones del producto de la casa sueca impresas para intentar explicarlo todo y que la Guardia Civil pudiera comprobar que Ali no era parte de una célula terrorista ni nada por el estilo. Eso sí, poco importó que lo hubiéramos facturado sin dificultad y con relativa frecuencia en el pasado, los agentes fueron tajantes: ‘no pasa’, así que, aun aclarándolo, no nos quedó otra alternativa que llevárnosla de vuelta a los estudios”.

“Estaba retenida por la Guardia Civil y traté de explicarles que era un equipo que cumplía las condiciones para volar, que ya lo habíamos hecho anteriormente, pero no me dieron muchas opciones: ‘o lo sacas del aeropuerto o nos lo llevamos nosotros y lo destruimos’”, Ali Ruiz, técnico digital.

Para Ali fueron unas horas intensas: “tuve que correr como en mi vida lo he hecho, cargando con una batería muy pesada, para salir de la zona de pasajeros de la terminal, entregarle la batería a Dani, pasar seguridad otra vez, volver al mostrador, contar lo que había pasado e intentar no perder el avión”. No sucedió, pero al menos en la aerolínea se prestaron amablemente a darle un asiento en el siguiente avión a la isla balear, permitiéndole estar el día siguiente a la hora estipulada para el comienzo de la producción. “Incluso me dijeron que la actuación de los guardias civiles había sido irregular porque, facturada la maleta y a punto de entrar en el avión, ellos no podían estar allí y hacer lo que hicieron. Hasta me confirmaron que en su aerolínea conocían de sobra que ese equipo estaba autorizado para volar y me aseguraron que investigarían para ver qué había pasado”, apunta.

Certificación oficial de viaje con las especificaciones de la batería.

Certificación oficial de viaje con las especificaciones de la batería.

Además del tesón de Ali, afortunadamente, Dani, un hombre de recursos, ya había puesto en marcha un ‘Plan B’. “Habíamos arreglado la situación en Madrid, sí, pero a mí me preocupaba mucho la producción del día siguiente, porque nuestro cliente no tendría el equipo solicitado y no podría llevar a cabo su trabajo. Logré hablar con un contacto en la isla para poder contar con un generador de gasolina como solución de emergencia y, al final, la producción tuvo lugar sin más incidencias que las ya acontecidas”.